Termas de Panimávida

Nostalgia, testimonios y recuerdos a cuarenta años de la muerte de mi padre

Dr. Fernando Bravo Escobar

 

(Recomiendo leer antes el Homenaje a mi padre)

 

Las Termas de Panimávida en Linares, Chile, es el lugar donde trabajó mi padre como médico durante 30 años, desde 1928. Además de ser el Médico Director de las Termas (Hotel y Fábrica embotelladora de agua mineral) fue el médico general de la población de Panimávida. En esos años el dueño eran mi abuelo materno Don Julio Silva Valenzuela y su esposa Sra. Rosa Ahumada Santana varios de mis tíos eran directores, entre ellos Augusto Lezaeta Acharan, arquitecto que construyó el pabellón de dos pisos y Antonio Silva Ahumada, hermano de mi madre (Josefina Silva Ahumada) y de la esposa de Augusto Lezaeta (Julia Silva Ahumada),  por lo que para nosotros todo este tema es de valor histórico familiar. 

 

 

 

Dr. Bravo y familia en 1943

 

Cuando niños, nosotros vivíamos en “la casa del doctor”, en el Parque del Hotel y como “los hijos del doctor” tenían que andar de punta en blanco todo el día,  teníamos 3 “nanas” para 5 niños.

 

Después fuimos 8 hermanos, 3 mujeres y 5 hombres. En la foto estamos los hermanos caminando por el Parque, en compañía de mi madre, padre y abuela paterna, Sra. Amelia Escobar Bruce. Los recuerdos de esa época afloran a mi memoria, al conversar con personas octogenarias que recuerdan vívidamente algunos hechos. Hacíamos paseos familiares por el día en carreta a algún río cercano, para un almuerzo campestre, jugar y pescar, algunos íbamos a caballo. Visitábamos a los dueños de fundo cercanos a las termas. Las tierras de “Los Rojas” rodeaban Las termas, Don Ernesto Rojas Del Campo, del fundo San Luis y Don Luis Rojas Del Campo  quien tenía el fundo Santa Elena, al lado del río Caballo Blanco. Fuera de ganadería y aserraderos tenían viñas que producían los vinos San Luis y Santa Elena. Otros amigos de mis padres eran los Soruco, Guillermo y Raquel del fundo San Francisco. El lugar que más nos gustaba visitar con mis hermanos Fernando y Alvaro era sin duda el fundo de Don Daniel Valdés en Colbún, ya que  sus hijas, de edades similares a las nuestras, María Olga, María Luisa y María del Pilar, eran muy  buenas mozas y muy agradables, además de ser diestras amazona y capaces de conducir un carretón con caballos diestramente. Además tenían un burro el que cabalgábamos en el parque y incluso subía las escalas de la terraza con 4 de nosotros a cuestas. El agua de la piscina era extremadamente fría y había que hacerse el hombrecito para no impresionar mal.......

 

 

 

Procesión de San Sebastián de Jumbel.

Cuadro pintado por el Dr. Bravo en 1959.

 

 

Al revisar las fotos de la época, recordé con cariño al “cura Di Gravio”, un pintoresco sacerdote italiano que era el cura párroco de la Iglesia de Panimávida, cuando nosotros vivíamos allá permanentemente. Era muy activo e incansable y organizaba misas y procesiones.  De éstas, la más famosa era la “Procesión de San Sebastián de Yumbel”, la que todavía se celebra todos los años el 14 de Enero. Era una colorida procesión en la que participaban huasos de a caballo y que se reunían en el bosque de  eucaliptos, frente a la Iglesia, la que se puede observar en este cuadro pintado por mi padre en 1959. En esa misma iglesia tuve el honor de ser confirmado por Monseñor el Cardenal José María Caro. Muchos recuerdan que el padre Di Gravio, en medio de la prédica podía interrumpirse  para echar fuera de la Iglesia a alguna mujer que entraba con pantalones o con mangas muy cortas........

 

 

Una de las entretenciones de niños era ir a la estación del ferrocarril de trocha angosta (65 cm.) que iba de Linares a Colbún, pasando por Panimávida y que pasó a llamarse familiarmente como “el tren chico”. Era tan poco potente la locomotora a carbón, que en los últimos años, dicen para que pudiera llegar a la estación Panimávida, en la subida final tenía que el tren ir precedido por  un carrito de 4 ruedas con hombres echando arena en los rieles para aumentar la tracción. La casa de la Estación existe todavía y esta en una esquina en la “Población La Chiripa”, que es la población de los antiguos empleados de la fábrica. Ha sido restaurada y es una linda casona de color rosado. Recuerdo que una vez, como “gracia de niños”, fuimos a ganar unos pesos acarreando maletas de los pasajeros (como “corteros”), lo que nos valió una gran reprimenda. El Presidente Don Ramón Barros Luco inició las visitas presidenciales a las Termas de Panimávida, en “el tren chico”, lo que se transformó en un acontecimiento repetido por los mandatarios siguientes. Este tren que fue de gran importancia, especialmente para el traslado de las botellas de Panimávida, que además era muy pintoresco, se inauguró el 1 de febrero de 1914  y  dejó de correr el 20 de Mayo de 1954, tras una catástrofe ferroviaria en 1953, que costó la vida a 22 personas.

 

 

Tal vez la época de gloria de las Termas de Panimávida fue desde 1940 a 1965, cuando el Hotel era un centro elegante y de tradición y las Termas gozaban de gran prestigio internacional, por la calidad de las aguas y los baños. Además de que eran dirigidas por mi padre, un médico investigador, estudioso y dedicado, que había escrito libros, hecho clases de Hidrología y Climatología en la Universidad de Chile y participado en las leyes regulatorias de las aguas termales del país. 

  

Después de que mi padre falleció, en 1968, la familia perdió el control de las Termas y éstas pasaron a manos de Guillermo del Pedregal y su yerno Luis Ángel Ovalle. En esa época, resaltaron los conciertos de cámara de Ramón Vinay.  Después del incendio de parte del hotel el 23 de Diciembre de 1980, lentamente las Termas se deterioraron hasta cerrarse. Pasaron 20 años de soledad y desolación; el Parque se transformó en una jungla y la Fábrica embotelladora, la Casa Termal y los Baños del Parque quedaron en ruinas.

 

 


La Casa Termal, que se aprecia en la foto, fue ideada por mi padre para hospitalizar y tratar con baños termales a personas de escasos recursos, que enviaba el Seguro Obligatorio. Fue una institución pionera en su especie, a escala internacional.

 

 Desde el 2006, el nuevo dueño Roberto Movillo ha logrado restaurar gran parte del Hotel y nuevamente es un lugar elegante y cómodo y se trabaja en la restauración del Parque. Estoy seguro de que una vez cumplida la primera etapa de restauración, se le dará más énfasis a los beneficios de las aguas y cura termal, por lo cual fueron famosas las Termas de Panimávida en el pasado.

 

 Me dio gusto, en mi reciente viaje a Panimávida, de recorrer el Parque y ver como han envejecido esos árboles que nos vieron crecer. Además recordé cuando mi hermano Fernando, jugando a Tarzan, se cayó de uno de ellos y estuvo entre la vida y la muerte, por más de tres meses en la Clínica Santa María de Santiago, debido a una ruptura del bazo, peritonitis y otras complicaciones. Se salvó, tal vez, ya que se dispuso de Penicilina que acababa de llegar al país (C. 1944). Bastaron 40.000 Unidades para salvarlo de una peritonitis neumocósica.

 

Sólo quedan vestigios de lo que fue la “Cancha de aterrizaje” que existía cerca del Hotel. Allí mi padre, con sus ansias del saber, quiso graduarse de piloto civil, lo que casi le causa la muerte. El avión de dos pasajeros (profesor y estudiante) de pronto cayó en picada y no había forma de evitar la caída. A pocos metros del suelo el avión paró la caída y volvió a subir......  Meses después se concluyó que el cojín que se usó ese día, al no llevar paracaídas, se deslizó hacia delante atrapando la palanca y al pararse los pilotos para hacer más fuerza, finalmente se corrió dejando libre el movimiento de ésta. Recién supe que al primer avión del Club Aéreo de Panimávida se le bautizo con nombre de “Chepita”, en honor a mi madre (Josefina).

 

Fue agradable ver los riachuelos de Rari y Caballo Blanco, en las cercanías del Hotel, donde de chicos íbamos a pescar camarones y truchas, con Manuel Urrea, que era un mozo del Hotel. Me recordé que en el pabellón C del Hotel trabajaba como camarero, Rogelio Barros y que ya estando yo más grande, le pedía prestada su perra perdiguera para ir a cazar perdices en la zona. Esta perra era excelente a pesar de ser tuerta. Conversando con algunos lugareños me recordé, entre otros, de que los jardineros de esa época eran Manuel Pinto y Juan Pastene, el recepcionista Armando Sazo y los maitres del Hotel “Los Sepúlveda”, Oscar y Pancho. Me parece recordar que había otro jardinero que andaba en una carretela y se llamaba Vitelio y que antes había sido el cuidador de la piscina. Recordé al maestro carpintero Ramón Araya, quien después tuvo una flota de camiones y otros negocios en la población de Panimávida. Recuerdo muy bien a quien fuera el fotógrafo oficial de las Termas por muchos años y de quien tenemos todavía lindas fotos de las Termas, sus alrededores y fotos de nuestra familia, Una de sus primera cámaras fotográficas era una “de cajón” montado en un trípode, en la que introducía una placa fotográfica, la que después la hundía en un tarro con un líquido que colgaba del trípode.. La cámara tenía un capuchón de género en el cual Eloy introducía su cabeza para enfocar y apretar el disparador. Esto probablemente ocurría alrededor de 1942, cuando yo tenía 6 años.....

 

José Arnaldo Sepúlveda Muñoz que fue garzón del Hotel, tenía un lustrin en el Hotel y me contó que le fue muy bien lustrando los zapatos “radio patrulla” (blancos con negro), “en una época en que todos usaban zapatos y no zapatillas”. En esta oportunidad él tuvo la gentileza de regalarme unas botellas muy antiguas de agua de Panimávida, que todavía tienen el agua original.  Me contó que los garzones de entonces eran muy elegantes para servir las mesas y que se lo debían a la excelente educación del administrador del Hotel, Eric Farencoft y su esposa Gertrudis, a quienes yo también recuerdo con cariño. Visité en su casa a su hermano de padre, Carlos Sepúlveda Alfaro, quien trabajó en la fábrica embotelladora, quien tiene muy buenos recuerdos de mi padre. “Aunque estuviera en alguna reunión importante, dejaba todo si lo llamaban  y salía corriendo para ver a algún enfermo de urgencia”. En esos años, en invierno no era fácil movilizarse y algunos de estos domicilios sólo se podían hacer a caballo, debido a que las intensas lluvias, a veces  cortaban los caminos. “No hacía distinción  entre pobres y ricos y atendía mejor a los pobres”. Era sabido que nunca  cobró honorarios profesionales a los pobladores, sino que sólo a los turistas del Hotel y de éstos sólo a los que no eran amigos, parientes, sacerdotes o religiosas.  Mi padre le habría salvado la vida, según él, al tratarle una Enfermedad Reumática con grave compromiso cardíaco. Me contó además de que recuerda a mi padre, recién llegado a Panimávida, cuando pololeaba con mi madre e iban a pasearse a la Estación del ferrocarril, recién inaugurada.

 

Pensando en gente de la Fábrica, me vino a la memoria un alemán, Edgardo y cuyo apellido no recordamos, que era jefe de sección y que nos hacía cucharas metálicas, para ir a pescar. Tenía muchas historias, pero la que recuerdo mejor es en la que nos hablaba de un futuro auto, que no usaría agua para enfriarse, ya que se había diseñado para el ejército de Rommel, en el desierto de África y nos mostraba croquis de este motor, que años después resulto ser el “escarabajo” Wolsvagen. La fábrica embotelladora de Panimávida daba empleo a 200 obreros.

 

Pregunté por el capataz del fundo de Panimávida, que había sido Eliodoro Alfaro, a quien recuerdo porque fue con mi hermano Fernando a caballo a la Argentina.  De niños oíamos a mi padre hablar de sus lindas experiencias en su viaje a caballo a Mendoza. Después de planificar el viaje por un buen tiempo, un buen día, mi hermano y un amigo partieron con Alfaro desde Panimávida, con el fin de emular la hazaña del padre. No comenzaban a subirla cuando los alcanzó un huaso a caballo, el que comunicó a su amigo de que tenía un familiar grave, por lo que se tuvo que devolver. Así fue que Fernando y el capataz hicieron el viaje solos. Mi padre nos contaba que durante su viaje, una de las anécdotas más simpáticas fue una recomendación  que un hacendado les dió como presentación para unos amigos  de  más  adelante  y  que  decía:  Ruego atender a los señores, porque son personas”, lo que siempre nos hizo mucha gracia.

 

 

 

“La Mona”: fuente de agua termal.

 

A través de Martita Osorio, actualmente jefa de camareras del Hotel, pude conversar con su padre, Eduardo Osorio, quien me relató la forma en que medían el aforo del agua termal, para un importante descubrimiento que mi padre hizo sobre la relación de la cantidad de agua que fluía por la fuente termal y los temblores (Ver Homenaje a mi padre).  Él con Baltasar Cadegan, ingeniero jefe de la Fábrica, pesaban en unos tarros la cantidad de agua (litros por minuto) todos los días, durante 16 años. Esta agua provenía de la fuente termal llamada “La Mona”. Este nombre viene de que el agua sale de la boca de la Mona, especie de máscara que existe en el contenedor del agua termal (ver foto).

 

Eduardo Osorio me contó algo interesante, y que yo no sabía, y es que dentro de este estanque hay una roca que tiene una hendidura en su parte superior, por donde fluye el agua termal (a 33°), que viene del centro de la tierra. Lo interesante es que esta hendidura se agranda, dando salida a más agua por minuto o se achica disminuyendo el flujo. Es interesante porque el estudio de mi padre demostró que al disminuir la cantidad de agua por minuto de la fuente, se producían  temblores o terremotos, en algún sitio, a veces a bastante distancia del lugar.  Esto fue confirmado por la Estación Sismológica de la Universidad de Chile que el Dr. Bravo   consiguió que se instalara en Panimávida, para este estudio. Yo conservo los gráficos que muestras la estrecha relación del aforo de las aguas con temblores y terremotos, estudio que duró 16 años y  que fue publicado en Chile, Japón y EE.UU. Esta relación se explica porque la presión acumulada en el centro de la tierra provoca movimientos de tierra y logra abrirse camino y escapar por esta grieta, aumentando el aforo de agua. Mi padre decía que nunca ha habido un terremoto destructivo en una terma en ninguna parte del mundo, tal vez porque de alguna forma se libera la presión. En Panimávida hay dos fuentes termales, “La Mona” y “La Poza Fría”. En esta última el agua fluía por debajo de una piscina que estaba en un bosque de viejos eucaliptos y que era usada para baños termales de la gente de la región en esa época, sin costo alguno. Desgraciadamente con el tiempo el agua de esta fuente se comenzó a colectar en un estanque techado, y desde allí el agua se envía a una piscina del Balneario de la Poza Fría.

 

Existe una leyenda de que en una ocasión, en que comenzaron a cobrar por el agua de la Mona, ésta se secó, para sólo reaparecer una vez que decidieron no cobrar más. Años atrás el agua termal alcanzaba para toda la población de Panimávida. Con los años, cuando ya no alcanzaba para todas las casas, se conectó una cañería de la fuente a la Copa y la gente iba con jarros a obtenerla de la Copa, cerca de la población.

 

Uno de los admiradores jóvenes, más entusiastas del Dr. Bravo, es un muchacho nacido en Rari (pueblo muy cercano a  Panimávida) cuyo nombre es Alvaro Troncoso. Él ha mantenido vivo el recuerdo del doctor Bravo y ha contribuido a preservar muchos de sus escritos originales. El año pasado me dio valiosa información, fotos, notas y escritos originales de mi padre. Le agradezco públicamente sus esfuerzos y cariño por mi padre.

 

En Hotel de las Termas se muestra un video sobre la historia de las Termas de Panimávida, hecho por Patricio Rozas Vergara en el 2008, que es bastante interesante. El único error que encontré es el segundo nombre de mi abuelo (Fundador de las Termas), el que en realidad es Julio Silva Valenzuela y no como uno me mis tíos (Julio Silva Ahumada).

 

A pesar de que la Fábrica esta de para hace años, pudimos saborear rica “agua de Panimávida con gas”, en el Hotel, ya que mediante una máquina de Coca-Cola se pueden llenar vasos de Coca-Cola con agua mineral, Cuatro light y Panimávida, las que bien heladas y con bastante gas, son todas deliciosas.

 

Mi padre además era pintor y escultor y al ver nuestra antigua casa del parque casi en ruinas, me recordé de la “estatua del guerrero del 79” que hizo mi padre en greda, de tamaño natural y que nunca la terminó, ya que se deshizo con la lluvia al estar a la intemperie, en el patio de la casa. Recuerdo que a veces le ponía un quepis autentico de la guerra del 79, que tenía en su museo particular. Tenía catalogadas muchas piezas arqueológicas importantes, especialmente indígenas (piedras horadadas, puntas de flechas, pipas de la paz,  tambores de cuero, bastón de mando e incluso una estatua de piedra traída de la isla de Pascua, etc.) las que posteriormente donó al Museo Nacional. Una escultura interesante es la que mezcló su conocimiento médico con sus dotes artísticos donde se muestra el rostro de un enfermo y que tiene por rótulo “¿Y tendré mejoría?”. Por lo menos esta escultura existe en poder de mi hermana Carmen Bravo.  Otra escultura que hizo él, era la de una mujer desnuda, de pie y de tamaño natural, con las manos detrás de la cabeza. Esta estuvo delante del trampolín de la piscina en Panimávida, por muchos años, hasta que se quebró al caer a la piscina vacía.

 

 

 

“Desnudo de mujer”, esculpida por el Dr. Bravo.

 

 

  

 

El Dr. Bravo en sus años mozos, con sus esculturas.

 

Otra escultura que recuerdo es “El Fauno” cabeza humana con cuernos y que se puede apreciar en la foto de su taller, el que tenía en su casa del fundo San León de Nos, poco años antes de morir (1968).

 

                                                

Foto del Dr. Bravo en su atelier

 

Otra historia en relación a esa casa del Parque, que ahora esta casi en ruinas, es el susto tremendo que nos causaban las nanas, al disfrazarse de fantasmas con una sábana y pasar por fuera del ventanal de la galería, simulando haber llamado a los fantasmas, por algo malo que habíamos hecho..... Otro recuerdo es de que cuando vivíamos allí, mi padre puso el limite de una java de botellas de Panimávida (48 botellas) al día, ya que nosotros no sólo la bebíamos, sino que hacíamos batallas cámpales lanzándonos el agua a presión.

 

 

 

Artesanía de crin de Rari.

 

 

Con mi esposa Patricia conversamos con las antiguas “tejedoras de crin de Rari”, que hacen preciosa artesanía de fama internacional. Entre ellas, Silvia Guajardo, Amada Albornoz, su hermana Juana, Virginia Lara Zúñiga, María Zúñiga,  Enriqueta Tapia y la joven Ana María Palma. En esta última visita me mostraron un libro sobre “Rari, artesanía de crin” el que tiene fotos de las tejedoras y lindas obras en crin  (Editorial Contrapunto). Ana María Palma tiene un Blog: artesaniapalmavasquez.blogspot.com.  Email: anapalmav@gmail.com.  Hilda Díaz tiene una Página Web: hildadiazclasesartesaniaencrin.com  Email: hitta21@hotmail.com

                                                                  

Las tejedoras de mayor edad recuerdan con cariño como mi padre las alentó a trabajar, exponer su arte y les  construyó en 1943 un largo kiosco para vender su trabajo, en la plaza frente a la Iglesia y al Hotel. Durante el verano del 2008, ellas estaban preocupadas porque el alcalde de Colbún, Sr. Hans Hayer piensa mudarlas de sitio, para dejar espacio en la plaza para la “Procesión de San Sebastián de Yumbel”.  Le envié una nota al señor alcalde solicitando no destruir los kioscos, que albergan tan ilustres artesanas, que no sólo han puesto el nombre de Rari en el mapa, sino que han alcanzado fama internacional. Al no poder vender el producto de su esfuerzo, no habrá aliciente para las generaciones actuales de aprender de sus ancestros, este maravilloso arte. Les sugerí también hacer talleres, para enseñar rudimentos de este arte a los turistas, lo que sería otro atractivo del balneario y una fuente extra de ingresos. Otra antigua tejedora es la Sra. Irma Rebolledo, que a sus 80 años, tiene en su casa en Rari (Pueblo al lado de Panimávida) la “Artesanía Las Camelias”. Su casa queda al lado del Puente de Rari, el que años atrás era el “Puente de Cimbra de Rari” y al que mi padre le dedicó un poema. Ella también recuerda con mucho cariño lo mucho que hizo “Don Fernando” por las artesanas del crin y por el pueblo de Rari. Cabe destacar que la Sra. Irma es nieta del sargento Daniel Rebolledo, que fue un héroe de la Guerra del Pacífico y cuyo nombre lleva la plaza de Panimávida.   Nos relataron las tejedoras que algunas de ellas fueron candidatas “a Reina de la Primavera”, concursos que se hicieron preferentemente entre 1954 y 1958. Se compraban  votos para elegir la reina entre las candidatas del Hotel, de la Fábrica, de los Trabajadores, de la Población La Chiripa, etc. En todas esta fiestas tenía participación importante mi padre y algunas de ellas me contaron orgullosas que habían tenido fotos de reina con el Dr. Bravo.

 

La entrada a Termas de Panimávida se hace por la calle principal, la que atraviesa la plaza y sirve de entrada al Hotel, se llama calle Dr. Bravo  y  cerca de allí, al otro lado de la plaza, en el comienzo del corto camino a Rari hay una fuente de agua, llamada “La Copa”, que según me contaba Carlos Sepúlveda, se construyó con el sueldo que recibió  mi padre, en esos años, como alcalde de Colbún.

 

Me dió pena en esta visita a las Termas de que ya no estaba la Consulta de mi padre, la que recientemente se transformó en sala de billar. Lo bueno es de que sus libros y anotaciones médicas, donadas a Las Termas de Panimávida, están en una estantería en uno de los corredores del Hotel y al revisar los títulos de los libros se puede comprender la magnitud de sus intereses, trabajos científicos, conocimientos y contactos internacionales. Recuerdo que en un departamento al lado de la Consulta estuve alojado en 1960, durante un verano en que estuve ayudando a mi padre. En aquella época yo estaba terminando el internado y estaba por recibirme de médico y  mi hija Blanquita tenía pocos meses. Para mi fue una linda experiencia ver como mi padre se desenvolvía en este medio, que para él era tan querido. En esa época nos sucedió una anécdota interesante: la enfermera, la Sra. Eulalia Pinto, al ver salir de la consulta a la Sra. Ana González, nos preguntó como nos había ido con “La Desideria” y sólo en ese momento nos dimos cuenta que la simpática paciente que acabamos de ver era la famosa actriz y no nos habíamos dado cuenta. Esta actriz era muy conocida y en especial por su actuación en la Pérgola de las Flores.  Eulalia fue una fiel enfermera de mi padre por muchos años y además era la encargada de la Farmacia, que estaba al lado del consultorio. Ella era casada con Alejandro Sepúlveda, garzón del hotel.

 

Otra anécdota que contaba mi padre era la siguiente: Una vez había en el Hotel un pasajero muy caballero y elegante, que fue a la Consulta y mi papá lo trataba como si su nombre fuera Emir. Grande fue su sorpresa cuando días después llegaron sus súbditos y le hacían grandes reverencias. Siempre me recuerdo de un hecho detectivesco que le ocurrió a mi padre como médico. Un señor fue un día a almorzar a Linares y en la tarde de ese día comenzó con vómitos y rápidamente se agravó y comenzó con graves contracturas musculares. A pesar de los cuidados de mi padre y su ayudante el Dr. Rodríguez, falleció en pocas horas. Pensaron que habría tenido alguna intoxicación, se pensó en Botulismo por las contracciones musculares que de intensas lo hacían arquear la espalda (opistotonos). Mi padre sospechó que había algo raro y por primera vez se le ocurrió hacer un inventario de las cosas que el pasajero tenía en su cuarto. Cuan grande sería su sorpresa al encontrar que tenía unas barras de oro....Se pidió una autopsia que no mostró una causa precisa de muerte. Al año siguiente después de un prolongado juicio se concluyó que a este señor lo habían envenenado para cobrar un seguro millonario, en el nunca fue pagado. Se encontró que las barras no eran realmente de oro y que al señor lo habían hecho creer que lo eran y le sacaron un seguro de vida,  para protegerse en caso que algo le sucediera algo malo.  En su chaqueta, el día de su muerte se encontró un papel con un nombre y teléfono a quien llamar en caso de emergencia, que correspondía a la persona a nombre de quien estaba el seguro de vida.  El juicio falló a favor de la aseguradora, ya que se dijo que aunque no había prueba fehaciente era obvio que lo habían envenenado.  En una práctica de médico rural tan larga hubo muchos hechos interesantes, pero uno que revela el gran instinto maternal de las madres es el siguiente y que a él le correspondió atender. Cerca de Panimávida iba una carreta con bueyes subiendo una cuesta empinada y de pronto el yugo se soltó de la cabeza de los bueyes y la mujer que iba en la carreta con su guagua en brazos salió  disparada por los aires y al no soltar su bebé cayó de cabeza al suelo muriendo instantáneamente.

 

Tanto el verano del 2007 como en la visita del 2008 a las Termas, he revisado sus libros, revistas y fichas médicas y me ha llamado la atención lo avanzado de los conocimientos médicos y lo acabado y acucioso de sus notas. Las hay no sólo de las propiedades de las aguas, sino de estudios experimentales en cuyes y conejos. Me llamó mucho la atención de que uno de esos estudios fuera sobre las sales de oro, que después fueron uno de los grandes avances en la terapia de la Artritis Reumatoidea. Dejó 16.000 fichas médicas en sus 30 años de trabajo y tuve el agrado de ver un cuaderno empastado de fichas de 1941, en las que destacan las cuidadosas indicaciones de la cantidad de agua termal a beber y de la temperatura y duración de los baños termales y de barro indicados. Me dió nostalgia, al ver en esas antiguas fichas médicas su caligrafía típica  y la tinta verde, que siempre usaba.

 

La mesera que nos tocó en el comedor del Hoteles el 2007 y  2008, fue Andrea Aguilera Cortinez que es muy eficiente y cariñosa. Su apellido Cortinez me recordó que “los Cortinez” eran los empresarios dueños de las micros de aquella época. Con mi esposa Patricia han hecho gran amistad, lo que para mi es muy importante. Este año 2009 tuvimos la oportunidad de conocer a su marido Omar Oranda Valladares. Ël nos llevó a la antigua casa del fundo Santa Elena, que fuera de Don Luis Rojas. Esta casa que debe tener más de 150 años fue heredada por Omar de su padre, quien fuera dueño de esta casona por unos 30 años. Yo recuerdo vividamente haber visitado a Don Ernesto en esta casa hace unos 60 años y quedar impresionado con su colección de escopetas. Tuvimos una tarde muy agradable en casa de la madre de Andrea, la Sra. Rosita Cortinez. Una vecina, Eliana Luengo, nos contó que ella también estuvo unos meses en 1963 trabajando con mi familia cerca de Santiago. Recordaba con agradecimiento que su padre, que trabajaba en la fábrica, fue llevado por el Dr. Bravo al Hospital Salvador en Santiago, para tratamiento de un tumor cerebral.

 

Fue un agrado conocer y pasar largas horas con Tosca Toro Rebolledo en el verano del 2008, quien fue muy gentil con mi esposa. Ella es profesora jubilada y construyó y trabajó en la Escuela de Rari. Su padre Enrique Toro, era el peluquero del Hotel y venía a cortarnos el pelo a la casa del parque. Esto me recuerda. que una vez estando yo muy chico, el señor Toro estaba cortando el pelo a mi hermano Alvaro, quien de repente me dijo “me cortaron la oreja” y yo me puse diligentemente a buscarla entre los cabellos que había en el suelo......Tosca tenía 8 hermanos y recuerda que mi madre, la  “Sra. Chepita” los ayudaba.  Ella recordó que para unas Pascuas la Sra. Chepita regaló juguetes a todos los niños que llegaron a la plaza. Iris Sepúlveda Olivero que trabaja en la sección de los baños termales  del Hotel, me contó que mi madre le había regalado una cocina a su madre, de la que siempre estuvieron muy agradecidos.

 

Me contaron que a un enfermo de meningitis lo habría llevado mi padre al Hospital Salvador en Santiago. Todos recordaban el caso de la niña Pastene a quien mi padre llevó a operarse de las rodillas a la capital, ya que tenía piernas arqueadas y volvió ”con las piernas derechitas”.

 

Tal vez lo más emocionante fueron los recuerdos de la Sra. Margarita Sazo González, de 89 años, quien al recordar al Dr. Bravo, se le nublaron los ojos. Recuerda que mucha gente, “que ya se fue”, lo querían tanto. Se consiguió y me trajo fotos antiguas que mostraban a mi padre jovencito, probablemente recién llegado a las Termas, una de ellas rodeado de profesoras y otra dirigiendo la fiesta de la instalación de la máquina embotelladora de agua, con el personal de la Fábrica. Recuerda que mi padre la coronó reina de una fiesta y lamentó no haber podido encontrar la foto en que salía él colocándole la corona. Me relató que cuando su hermana tuvo apendicitis, al doctor lo fueron a buscar al comedor del hotel y él la llevó en su auto al hospital de Linares, distante a 25 Km. Me mostró su dedo índice con secuelas de una cortadura en la Fábrica, pero ella feliz me contó que el buen resultado se lo debía a mi padre, que se lo había suturado. En muchas oportunidades durante estas conversaciones, el tema recayó en las excelentes y leales enfermeras que ayudaron  a mi padre durante muchos años. Me refiero a la Sra. Eulalia Pinto y la practicante Aurora Kessi. quien actualmente vive en Concepción.

 

Varios empleados, asesoras del hogar y “nanas” nuestras, vinieron de Panimávida a trabajar con nosotros en el fundo San León, en Nos (cerca de Santiago). Dos hermanas, Hilda y Adriana Salas Sepúlveda fueron unas de estas “nanas” que nos cuidaban en Panimávida, cuando vivíamos allá hasta la edad escolar y que mi madre llevó a Santiago al trasladarnos a la capital. En Febrero del 2008 quise visitar a Hilda que reside en Panimávida, pero no fue posible por su grave estado de salud.. Ahora ( 2-2009) pude visitar a su prima Noelia Salas Soto que tiene 80 años y a quien no veía en los últimos 60 años. Ella entró a trabajar como nuestra “nana” a los 18 años, en los alrededores de 1947 y fue para mi muy emocionante ver como se acordaba de nosotros e incluso tenía fotos de esa época. Durante esta estada en Panimávida conversé también con Julio Martínez (ninguna relación con Julio Martínez, el famoso locutor deportivo, que en paz descanse), quien esta perfectamente lúcido a sus 90 años. El era camarero del hotel y nos conoce a nosotros desde niños y tiene, lo que son para mi, lindos recuerdos de mi infancia.  Julio con su esposa Hilda Salas Sepúlveda, quien de soltera había sido una de nuestras “nanas” en Panimávida y Santiago, estuvieron trabajando con nosotros en el Fundo san León en 1948 cuando mi padre fue a EE.UU. con mi madre, representando al Rotary Club, como Gobernador de Distrito. Visitamos a Braulio Díaz casado con Amanda salas, hermana de Noelia. El también tiene muy buenos recuerdos de Don Fernando y ella que es tejedora en crin fue muy cariñosa con nosotros. Braulio nos contó que un tiempo era vecino de mi padre, en las Termas, y que mi padre pintaba mientras él tocaba el clarinete. Su hija Hilda, a quien también tuvimos el gusto de conocer, vive en Santiago y ha seguido la tradición de tejer el crin y hace clases sobre este arte. La mayoría de las tejedoras que hemos visitado y nombrado en este relato, han ganado premios por su arte tanto nacionales como internacionales.   Otro carpintero de Panimávida que nos llevamos al fundo san León fue Carlos Palma, quien después se quedó en el zona de Nos, cerca de Santiago.

 

Durante mi visita a las Termas en febrero del 2008 conversé también con Ernesto Rojas, dueño del fundo San Francisco, de los alrededores de las Termas, quien fuera uno de mis amigos de la adolescencia y a quien no veía desde esos años. Recordamos las veladas en el fundo de su padre, Don Ernesto Rojas Del campo, que era coleccionista de escopetas y cuyo gusto por ellas me ha durado toda la vida. Recordamos las lindas cacerías que hacíamos juntos en sus tierras. Ernesto que falleció recientemente, era casado con Raquel Aris Rojas, hermana de mi amigo de toda la vida y colega reumatólogo, el Dr. Hernan Arís Rojas.

 

 Creo que es mejor dejar aquí esta larga “epístola”, para que no me pase algo así como dijo Cervantes de Don Quijote: de tanto recordar vino a secársele el cerebro.

 

 

 

 

Dr. Jaime Bravo Silva.

21 de Febrero del 2008

Revisión: 20 de febrero del 2009