Termas de Panimávida
Nostalgia, testimonios y recuerdos a cuarenta años de la muerte de mi
padre
Dr. Fernando Bravo Escobar
(Recomiendo
leer antes el Homenaje a mi padre)
Las
Termas de Panimávida en Linares, Chile, es el lugar donde trabajó mi padre como
médico durante 30 años, desde 1928. Además de ser el Médico Director de las
Termas (Hotel y Fábrica embotelladora de agua mineral) fue el médico general de
la población de Panimávida. En esos años el dueño eran mi abuelo materno Don
Julio Silva Valenzuela y su esposa Sra. Rosa Ahumada Santana varios de mis tíos
eran directores, entre ellos Augusto Lezaeta Acharan,
arquitecto que construyó el pabellón de dos pisos y Antonio Silva Ahumada,
hermano de mi madre (Josefina Silva Ahumada) y de la esposa de Augusto Lezaeta (Julia Silva Ahumada), por lo que para nosotros todo este tema es de
valor histórico familiar.

Dr. Bravo y familia en 1943
Cuando
niños, nosotros vivíamos en “la casa del doctor”, en el Parque del Hotel y como
“los hijos del doctor” tenían que andar de punta en blanco todo el día, teníamos 3 “nanas” para 5 niños.
Después
fuimos 8 hermanos, 3 mujeres y 5 hombres. En la foto estamos los hermanos
caminando por el Parque, en compañía de mi madre, padre y abuela paterna, Sra.
Amelia Escobar Bruce. Los recuerdos de esa época afloran a mi memoria, al
conversar con personas octogenarias que recuerdan vívidamente algunos hechos.
Hacíamos paseos familiares por el día en carreta a algún río cercano, para un
almuerzo campestre, jugar y pescar, algunos íbamos a caballo. Visitábamos a los
dueños de fundo cercanos a las termas. Las tierras de “Los Rojas” rodeaban Las
termas, Don Ernesto Rojas Del Campo, del fundo San Luis y Don Luis Rojas Del
Campo quien tenía el fundo Santa Elena,
al lado del río Caballo Blanco. Fuera de ganadería y aserraderos tenían viñas
que producían los vinos San Luis y Santa Elena. Otros amigos de mis padres eran
los Soruco, Guillermo y Raquel del fundo San
Francisco. El lugar que más nos gustaba visitar con mis hermanos Fernando y Alvaro era sin duda el fundo de Don Daniel Valdés en
Colbún, ya que sus hijas, de edades similares
a las nuestras, María Olga, María Luisa y María del Pilar, eran muy buenas mozas y muy agradables, además de ser
diestras amazona y capaces de conducir un carretón con caballos diestramente.
Además tenían un burro el que cabalgábamos en el parque y
incluso subía las escalas de la terraza con 4 de nosotros a cuestas. El agua de
la piscina era extremadamente fría y había que hacerse el hombrecito para no
impresionar mal.......

Procesión de San Sebastián de Jumbel.
Cuadro pintado por el Dr. Bravo en
1959.
Al
revisar las fotos de la época, recordé con cariño al “cura Di Gravio”, un pintoresco sacerdote italiano que era el cura
párroco de la Iglesia de Panimávida, cuando nosotros vivíamos allá
permanentemente. Era muy activo e incansable y organizaba misas y
procesiones. De éstas, la más famosa era
la “Procesión de San Sebastián de Yumbel”, la que todavía se celebra todos los
años el 14 de Enero. Era una colorida procesión en la que participaban huasos de a caballo y que se reunían en el bosque de eucaliptos, frente a la Iglesia, la que se
puede observar en este cuadro pintado por mi padre en 1959. En esa misma
iglesia tuve el honor de ser confirmado por Monseñor el Cardenal José María
Caro. Muchos recuerdan que el padre Di Gravio, en
medio de la prédica podía interrumpirse
para echar fuera de la Iglesia a alguna mujer que entraba con pantalones
o con mangas muy cortas........
Una
de las entretenciones de niños era ir a la estación del ferrocarril de trocha angosta
(
Tal
vez la época de gloria de las Termas de Panimávida fue desde
Después
de que mi padre falleció, en 1968, la familia perdió el control de las Termas y
éstas pasaron a manos de Guillermo del Pedregal y su yerno Luis Ángel Ovalle.
En esa época, resaltaron los conciertos de cámara de Ramón Vinay. Después del incendio de parte del hotel el 23
de Diciembre de 1980, lentamente las Termas se deterioraron hasta cerrarse.
Pasaron 20 años de soledad y desolación; el Parque se transformó en una jungla
y la Fábrica embotelladora, la Casa Termal y los Baños del Parque quedaron en
ruinas.
La
Casa Termal, que se aprecia en la foto, fue ideada por mi padre para
hospitalizar y tratar con baños termales a personas de escasos recursos, que
enviaba el Seguro Obligatorio. Fue una institución pionera en su especie, a
escala internacional.
Desde el 2006, el nuevo dueño Roberto Movillo ha logrado restaurar gran parte del Hotel y
nuevamente es un lugar elegante y cómodo y se trabaja en la restauración del
Parque. Estoy seguro de que una vez cumplida la primera etapa de restauración,
se le dará más énfasis a los beneficios de las aguas y cura termal, por lo cual
fueron famosas las Termas de Panimávida en el pasado.
Me dio gusto, en mi reciente viaje a
Panimávida, de recorrer el Parque y ver como han envejecido esos árboles que
nos vieron crecer. Además recordé cuando mi hermano Fernando, jugando a Tarzan, se cayó de uno de ellos y estuvo entre la vida y la
muerte, por más de tres meses en la Clínica Santa María de Santiago, debido a
una ruptura del bazo, peritonitis y otras complicaciones. Se salvó, tal vez, ya
que se dispuso de Penicilina que acababa de llegar al país (C. 1944). Bastaron
40.000 Unidades para salvarlo de una peritonitis neumocósica.
Sólo
quedan vestigios de lo que fue la “Cancha de aterrizaje” que existía cerca del
Hotel. Allí mi padre, con sus ansias del saber, quiso graduarse de piloto
civil, lo que casi le causa la muerte. El avión de dos pasajeros (profesor y
estudiante) de pronto cayó en picada y no había forma de evitar la caída. A
pocos metros del suelo el avión paró la caída y volvió a subir...... Meses después se concluyó que el cojín que se
usó ese día, al no llevar paracaídas, se deslizó hacia delante atrapando la
palanca y al pararse los pilotos para hacer más fuerza, finalmente se corrió
dejando libre el movimiento de ésta. Recién supe que al primer avión del Club
Aéreo de Panimávida se le bautizo con nombre de “Chepita”,
en honor a mi madre (Josefina).
Fue
agradable ver los riachuelos de Rari y Caballo Blanco, en las cercanías del
Hotel, donde de chicos íbamos a pescar camarones y truchas, con Manuel Urrea,
que era un mozo del Hotel. Me recordé que en el pabellón C del Hotel trabajaba
como camarero, Rogelio Barros y que ya estando yo más grande, le pedía prestada
su perra perdiguera para ir a cazar perdices en la zona. Esta perra era
excelente a pesar de ser tuerta. Conversando con algunos lugareños me recordé,
entre otros, de que los jardineros de esa época eran Manuel Pinto y Juan Pastene, el recepcionista Armando Sazo
y los maitres del Hotel “Los Sepúlveda”, Oscar y
Pancho. Me parece recordar que había otro jardinero que andaba en una carretela
y se llamaba Vitelio y que antes había sido el cuidador de la piscina. Recordé
al maestro carpintero Ramón Araya, quien después tuvo una flota de camiones y
otros negocios en la población de Panimávida. Recuerdo muy bien a quien fuera
el fotógrafo oficial de las Termas por muchos años y de quien tenemos todavía
lindas fotos de las Termas, sus alrededores y fotos de nuestra familia, Una de
sus primera cámaras fotográficas era una “de cajón” montado en un trípode, en
la que introducía una placa fotográfica, la que después la hundía en un tarro
con un líquido que colgaba del trípode.. La cámara
tenía un capuchón de género en el cual Eloy introducía su cabeza para enfocar y
apretar el disparador. Esto probablemente ocurría alrededor de 1942, cuando yo
tenía 6 años.....
José
Arnaldo Sepúlveda Muñoz que fue garzón del Hotel, tenía un lustrin
en el Hotel y me contó que le fue muy bien lustrando los zapatos “radio
patrulla” (blancos con negro), “en una época en que todos usaban zapatos y no
zapatillas”. En esta oportunidad él tuvo la gentileza de regalarme unas
botellas muy antiguas de agua de Panimávida, que todavía tienen el agua
original. Me contó que los garzones de
entonces eran muy elegantes para servir las mesas y que se lo debían a la
excelente educación del administrador del Hotel, Eric Farencoft
y su esposa Gertrudis, a quienes yo también recuerdo con cariño. Visité en su
casa a su hermano de padre, Carlos Sepúlveda Alfaro, quien trabajó en la
fábrica embotelladora, quien tiene muy buenos recuerdos de mi padre. “Aunque
estuviera en alguna reunión importante, dejaba todo si lo llamaban y salía corriendo para ver a algún enfermo de
urgencia”. En esos años, en invierno no era fácil movilizarse y algunos de estos
domicilios sólo se podían hacer a caballo, debido a que las intensas lluvias, a
veces cortaban los caminos. “No hacía
distinción entre pobres y ricos y
atendía mejor a los pobres”. Era sabido que nunca cobró honorarios profesionales a los
pobladores, sino que sólo a los turistas del Hotel y de éstos sólo a los que no
eran amigos, parientes, sacerdotes o religiosas. Mi padre le habría salvado la vida, según él,
al tratarle una Enfermedad Reumática con grave compromiso cardíaco. Me contó
además de que recuerda a mi padre, recién llegado a Panimávida, cuando
pololeaba con mi madre e iban a pasearse a la Estación del ferrocarril, recién
inaugurada.
Pensando
en gente de la Fábrica, me vino a la memoria un alemán, Edgardo y cuyo apellido
no recordamos, que era jefe de sección y que nos hacía cucharas metálicas, para
ir a pescar. Tenía muchas historias, pero la que recuerdo mejor es en la que
nos hablaba de un futuro auto, que no usaría agua para enfriarse, ya que se
había diseñado para el ejército de Rommel, en el desierto de África y nos
mostraba croquis de este motor, que años después resulto ser el “escarabajo” Wolsvagen. La fábrica embotelladora de Panimávida daba
empleo a 200 obreros.
Pregunté
por el capataz del fundo de Panimávida, que había sido Eliodoro Alfaro, a quien
recuerdo porque fue con mi hermano Fernando a caballo a la Argentina. De niños oíamos a mi padre hablar de sus
lindas experiencias en su viaje a caballo a Mendoza. Después de planificar el
viaje por un buen tiempo, un buen día, mi hermano y un amigo partieron con
Alfaro desde Panimávida, con el fin de emular la hazaña del padre. No
comenzaban a subirla cuando los alcanzó un huaso a caballo, el que comunicó a
su amigo de que tenía un familiar grave, por lo que se tuvo que devolver. Así
fue que Fernando y el capataz hicieron el viaje solos. Mi padre nos contaba que
durante su viaje, una de las anécdotas más simpáticas fue una
recomendación que un hacendado les dió como presentación para unos amigos de
más adelante y que decía: “Ruego atender a los señores, porque
son personas”, lo que siempre nos hizo mucha gracia.

“La Mona”: fuente de agua termal.
A
través de Martita Osorio, actualmente jefa de camareras del Hotel, pude conversar
con su padre, Eduardo Osorio, quien me relató la forma en que medían el aforo
del agua termal, para un importante descubrimiento que mi padre hizo sobre la
relación de la cantidad de agua que fluía por la fuente termal y los temblores
(Ver Homenaje a mi padre). Él con
Baltasar Cadegan, ingeniero jefe de la Fábrica,
pesaban en unos tarros la cantidad de agua (litros por minuto) todos los días,
durante 16 años. Esta agua provenía de la fuente termal llamada “La Mona”. Este
nombre viene de que el agua sale de la boca de la Mona, especie de máscara que
existe en el contenedor del agua termal (ver foto).
Eduardo
Osorio me contó algo interesante, y que yo no sabía, y es que dentro de este
estanque hay una roca que tiene una hendidura en su parte superior, por donde
fluye el agua termal (a 33°), que viene del centro de la tierra. Lo interesante
es que esta hendidura se agranda, dando salida a más agua por minuto o se
achica disminuyendo el flujo. Es interesante porque el estudio de mi padre
demostró que al disminuir la cantidad de agua por minuto de la fuente, se
producían temblores o terremotos, en
algún sitio, a veces a bastante distancia del lugar. Esto fue confirmado por la Estación
Sismológica de la Universidad de Chile que el Dr. Bravo consiguió que se instalara en Panimávida,
para este estudio. Yo conservo los gráficos que muestras la estrecha relación
del aforo de las aguas con temblores y terremotos, estudio que duró 16 años
y que fue publicado en Chile, Japón y
EE.UU. Esta relación se explica porque la presión acumulada en el centro de la
tierra provoca movimientos de tierra y logra abrirse camino y escapar por esta
grieta, aumentando el aforo de agua. Mi padre decía que nunca ha habido un
terremoto destructivo en una terma en ninguna parte del mundo, tal vez porque de
alguna forma se libera la presión. En Panimávida hay dos fuentes termales, “La
Mona” y “La Poza Fría”. En esta última el agua fluía por debajo de una piscina
que estaba en un bosque de viejos eucaliptos y que era usada para baños
termales de la gente de la región en esa época, sin costo alguno.
Desgraciadamente con el tiempo el agua de esta fuente se comenzó a colectar en
un estanque techado, y desde allí el agua se envía a una piscina del Balneario
de la Poza Fría.
Existe
una leyenda de que en una ocasión, en que comenzaron a cobrar por el agua de la
Mona, ésta se secó, para sólo reaparecer una vez que decidieron no cobrar más.
Años atrás el agua termal alcanzaba para toda la población de Panimávida. Con
los años, cuando ya no alcanzaba para todas las casas, se conectó una cañería
de la fuente a la Copa y la gente iba con jarros a obtenerla de la Copa, cerca
de la población.
Uno
de los admiradores jóvenes, más entusiastas del Dr. Bravo, es un muchacho
nacido en Rari (pueblo muy cercano a
Panimávida) cuyo nombre es Alvaro Troncoso. Él
ha mantenido vivo el recuerdo del doctor Bravo y ha contribuido a preservar
muchos de sus escritos originales. El año pasado me dio valiosa información,
fotos, notas y escritos originales de mi padre. Le agradezco públicamente sus
esfuerzos y cariño por mi padre.
En
Hotel de las Termas se muestra un video sobre la historia de las Termas de
Panimávida, hecho por Patricio Rozas Vergara en el 2008, que es bastante
interesante. El único error que encontré es el segundo nombre de mi abuelo
(Fundador de las Termas), el que en realidad es Julio Silva Valenzuela y no
como uno me mis tíos (Julio Silva Ahumada).
A
pesar de que la Fábrica esta de para hace años, pudimos saborear rica “agua de
Panimávida con gas”, en el Hotel, ya que mediante una máquina de Coca-Cola se
pueden llenar vasos de Coca-Cola con agua mineral, Cuatro light
y Panimávida, las que bien heladas y con bastante gas, son todas deliciosas.
Mi
padre además era pintor y escultor y al ver nuestra antigua casa del parque
casi en ruinas, me recordé de la “estatua del guerrero del

“Desnudo de mujer”, esculpida por el Dr. Bravo.

El Dr. Bravo en sus años mozos,
con sus esculturas.
Otra
escultura que recuerdo es “El Fauno” cabeza humana con cuernos y que se puede
apreciar en la foto de su taller, el que tenía en su casa del fundo San León de
Nos, poco años antes de morir (1968).

Foto del Dr. Bravo en su atelier
Otra
historia en relación a esa casa del Parque, que ahora esta casi en ruinas, es
el susto tremendo que nos causaban las nanas, al disfrazarse de fantasmas con
una sábana y pasar por fuera del ventanal de la galería, simulando haber
llamado a los fantasmas, por algo malo que habíamos hecho..... Otro recuerdo es
de que cuando vivíamos allí, mi padre puso el limite de una java de botellas de
Panimávida (48 botellas) al día, ya que nosotros no sólo la bebíamos, sino que
hacíamos batallas cámpales lanzándonos el agua a presión.

Artesanía de crin de Rari.
Con
mi esposa Patricia conversamos con las antiguas “tejedoras de crin de Rari”,
que hacen preciosa artesanía de fama internacional. Entre ellas, Silvia
Guajardo, Amada Albornoz, su hermana Juana, Virginia Lara Zúñiga, María
Zúñiga, Enriqueta Tapia y la joven Ana
María Palma. En esta última visita me mostraron un libro sobre “Rari, artesanía
de crin” el que tiene fotos de las tejedoras y lindas obras en crin (Editorial Contrapunto). Ana María Palma
tiene un Blog: artesaniapalmavasquez.blogspot.com. Email: anapalmav@gmail.com. Hilda Díaz tiene una
Página Web: hildadiazclasesartesaniaencrin.com
Email: hitta21@hotmail.com
Las
tejedoras de mayor edad recuerdan con cariño como mi padre las alentó a
trabajar, exponer su arte y les
construyó en 1943 un largo kiosco para vender su trabajo, en la plaza
frente a la Iglesia y al Hotel. Durante el verano del 2008, ellas estaban
preocupadas porque el alcalde de Colbún, Sr. Hans Hayer
piensa mudarlas de sitio, para dejar espacio en la plaza para la “Procesión de
San Sebastián de Yumbel”. Le envié una
nota al señor alcalde solicitando no destruir los kioscos, que albergan tan
ilustres artesanas, que no sólo han puesto el nombre de Rari en el mapa, sino
que han alcanzado fama internacional. Al no poder vender el producto de su
esfuerzo, no habrá aliciente para las generaciones actuales de aprender de sus
ancestros, este maravilloso arte. Les sugerí también hacer talleres, para
enseñar rudimentos de este arte a los turistas, lo que sería otro atractivo del
balneario y una fuente extra de ingresos. Otra antigua tejedora es la Sra. Irma
Rebolledo, que a sus 80 años, tiene en su casa en Rari (Pueblo al lado de
Panimávida) la “Artesanía Las Camelias”. Su casa queda al lado del Puente de
Rari, el que años atrás era el “Puente de Cimbra de Rari” y al que mi padre le
dedicó un poema. Ella también recuerda con mucho cariño lo mucho que hizo “Don
Fernando” por las artesanas del crin y por el pueblo
de Rari. Cabe destacar que la Sra. Irma es nieta del sargento Daniel Rebolledo,
que fue un héroe de la Guerra del Pacífico y cuyo nombre lleva la plaza de
Panimávida. Nos relataron las tejedoras
que algunas de ellas fueron candidatas “a Reina de la Primavera”, concursos que
se hicieron preferentemente entre 1954 y 1958. Se compraban votos para elegir la reina entre las
candidatas del Hotel, de la Fábrica, de los Trabajadores, de la Población La
Chiripa, etc. En todas esta fiestas tenía
participación importante mi padre y algunas de ellas me contaron orgullosas que
habían tenido fotos de reina con el Dr. Bravo.
La
entrada a Termas de Panimávida se hace por la calle principal, la que atraviesa
la plaza y sirve de entrada al Hotel, se llama calle Dr. Bravo y
cerca de allí, al otro lado de la plaza, en el comienzo del corto camino
a Rari hay una fuente de agua, llamada “La Copa”, que según me contaba Carlos
Sepúlveda, se construyó con el sueldo que recibió mi padre, en esos años, como alcalde de
Colbún.
Me dió pena en esta visita a las Termas de que ya no estaba la
Consulta de mi padre, la que recientemente se transformó en sala de billar. Lo
bueno es de que sus libros y anotaciones médicas, donadas a Las Termas de
Panimávida, están en una estantería en uno de los corredores del Hotel y al
revisar los títulos de los libros se puede comprender la magnitud de sus
intereses, trabajos científicos, conocimientos y contactos internacionales.
Recuerdo que en un departamento al lado de la Consulta estuve alojado en 1960,
durante un verano en que estuve ayudando a mi padre. En aquella época yo estaba
terminando el internado y estaba por recibirme de médico y mi hija Blanquita tenía pocos meses. Para mi
fue una linda experiencia ver como mi padre se desenvolvía en este medio, que
para él era tan querido. En esa época nos sucedió una anécdota interesante: la
enfermera, la Sra. Eulalia Pinto, al ver salir de la consulta a la Sra. Ana
González, nos preguntó como nos había ido con “La Desideria”
y sólo en ese momento nos dimos cuenta que la simpática paciente que acabamos
de ver era la famosa actriz y no nos habíamos dado cuenta. Esta actriz era muy
conocida y en especial por su actuación en la Pérgola de las Flores. Eulalia fue una fiel enfermera de mi padre
por muchos años y además era la encargada de la Farmacia, que estaba al lado
del consultorio. Ella era casada con Alejandro Sepúlveda, garzón del hotel.
Otra
anécdota que contaba mi padre era la siguiente: Una vez había en el Hotel un
pasajero muy caballero y elegante, que fue a la Consulta y mi papá lo trataba
como si su nombre fuera Emir. Grande fue su sorpresa cuando días después
llegaron sus súbditos y le hacían grandes reverencias. Siempre me recuerdo de
un hecho detectivesco que le ocurrió a mi padre como médico. Un señor fue un
día a almorzar a Linares y en la tarde de ese día comenzó con vómitos y
rápidamente se agravó y comenzó con graves contracturas musculares. A pesar de
los cuidados de mi padre y su ayudante el Dr. Rodríguez, falleció en pocas
horas. Pensaron que habría tenido alguna intoxicación, se pensó en Botulismo
por las contracciones musculares que de intensas lo hacían arquear la espalda (opistotonos). Mi padre sospechó que había algo raro y por
primera vez se le ocurrió hacer un inventario de las cosas que el pasajero
tenía en su cuarto. Cuan grande sería su sorpresa al encontrar que tenía unas
barras de oro....Se pidió una autopsia que no mostró una causa precisa de
muerte. Al año siguiente después de un prolongado juicio se concluyó que a este
señor lo habían envenenado para cobrar un seguro millonario, en el nunca fue
pagado. Se encontró que las barras no eran realmente de oro y que al señor lo
habían hecho creer que lo eran y le sacaron un seguro de vida, para protegerse en caso que algo le sucediera
algo malo. En su chaqueta, el día de su
muerte se encontró un papel con un nombre y teléfono a quien llamar en caso de
emergencia, que correspondía a la persona a nombre de quien estaba el seguro de
vida. El juicio falló a favor de la
aseguradora, ya que se dijo que aunque no había prueba fehaciente era obvio que
lo habían envenenado. En una práctica de
médico rural tan larga hubo muchos hechos interesantes, pero uno que revela el
gran instinto maternal de las madres es el siguiente y que a él le correspondió
atender. Cerca de Panimávida iba una carreta con bueyes subiendo una cuesta
empinada y de pronto el yugo se soltó de la cabeza de los bueyes y la mujer que
iba en la carreta con su guagua en brazos salió
disparada por los aires y al no soltar su bebé cayó de cabeza al suelo
muriendo instantáneamente.
Tanto
el verano del 2007 como en la visita del
La
mesera que nos tocó en el comedor del Hoteles el 2007 y 2008, fue Andrea Aguilera Cortinez
que es muy eficiente y cariñosa. Su apellido Cortinez
me recordó que “los Cortinez” eran los empresarios
dueños de las micros de aquella época. Con mi esposa
Patricia han hecho gran amistad, lo que para mi es muy importante. Este año
2009 tuvimos la oportunidad de conocer a su marido Omar Oranda
Valladares. Ël nos llevó a la antigua casa del fundo
Santa Elena, que fuera de Don Luis Rojas. Esta casa que debe tener más de 150
años fue heredada por Omar de su padre, quien fuera dueño de esta casona por
unos 30 años. Yo recuerdo vividamente haber visitado a Don Ernesto en esta casa
hace unos 60 años y quedar impresionado con su colección de escopetas. Tuvimos
una tarde muy agradable en casa de la madre de Andrea, la Sra. Rosita Cortinez. Una vecina, Eliana Luengo, nos contó que ella
también estuvo unos meses en 1963 trabajando con mi familia cerca de Santiago.
Recordaba con agradecimiento que su padre, que trabajaba en la fábrica, fue
llevado por el Dr. Bravo al Hospital Salvador en Santiago, para tratamiento de
un tumor cerebral.
Fue
un agrado conocer y pasar largas horas con Tosca Toro Rebolledo en el verano
del 2008, quien fue muy gentil con mi esposa. Ella es profesora jubilada y
construyó y trabajó en la Escuela de Rari. Su padre Enrique Toro, era el
peluquero del Hotel y venía a cortarnos el pelo a la casa del parque. Esto me
recuerda. que una vez estando yo muy chico, el señor
Toro estaba cortando el pelo a mi hermano Alvaro,
quien de repente me dijo “me cortaron la oreja” y yo me puse diligentemente a
buscarla entre los cabellos que había en el suelo......Tosca tenía 8 hermanos y
recuerda que mi madre, la “Sra. Chepita” los ayudaba.
Ella recordó que para unas Pascuas la Sra. Chepita
regaló juguetes a todos los niños que llegaron a la plaza. Iris Sepúlveda
Olivero que trabaja en la sección de los baños termales del Hotel, me contó que mi madre le había
regalado una cocina a su madre, de la que siempre estuvieron muy agradecidos.
Me
contaron que a un enfermo de meningitis lo habría llevado mi padre al Hospital
Salvador en Santiago. Todos recordaban el caso de la niña Pastene
a quien mi padre llevó a operarse de las rodillas a la capital, ya que tenía
piernas arqueadas y volvió ”con las piernas
derechitas”.
Tal
vez lo más emocionante fueron los recuerdos de la Sra. Margarita Sazo González, de 89 años, quien al recordar al Dr. Bravo,
se le nublaron los ojos. Recuerda que mucha gente,
“que ya se fue”, lo querían tanto. Se consiguió y me trajo fotos antiguas que
mostraban a mi padre jovencito, probablemente recién llegado a las Termas, una
de ellas rodeado de profesoras y otra dirigiendo la fiesta de la instalación de
la máquina embotelladora de agua, con el personal de la Fábrica. Recuerda que
mi padre la coronó reina de una fiesta y lamentó no haber podido encontrar la
foto en que salía él colocándole la corona. Me relató que cuando su hermana
tuvo apendicitis, al doctor lo fueron a buscar al comedor del hotel y él la
llevó en su auto al hospital de Linares, distante a
Varios
empleados, asesoras del hogar y “nanas” nuestras, vinieron de Panimávida a
trabajar con nosotros en el fundo San León, en Nos (cerca de Santiago). Dos
hermanas, Hilda y Adriana Salas Sepúlveda fueron unas de estas “nanas” que nos
cuidaban en Panimávida, cuando vivíamos allá hasta la edad escolar y que mi
madre llevó a Santiago al trasladarnos a la capital. En Febrero del 2008 quise
visitar a Hilda que reside en Panimávida, pero no fue posible por su grave
estado de salud.. Ahora ( 2-2009)
pude visitar a su prima Noelia Salas Soto que tiene 80 años y a quien no veía
en los últimos 60 años. Ella entró a trabajar como nuestra “nana” a los 18
años, en los alrededores de 1947 y fue para mi muy emocionante ver como se
acordaba de nosotros e incluso tenía fotos de esa época. Durante esta estada en
Panimávida conversé también con Julio Martínez (ninguna relación con Julio
Martínez, el famoso locutor deportivo, que en paz descanse), quien esta
perfectamente lúcido a sus 90 años. El era camarero del hotel y nos conoce a
nosotros desde niños y tiene, lo que son para mi,
lindos recuerdos de mi infancia. Julio
con su esposa Hilda Salas Sepúlveda, quien de soltera había sido una de
nuestras “nanas” en Panimávida y Santiago, estuvieron trabajando con nosotros
en el Fundo san León en 1948 cuando mi padre fue a EE.UU. con mi madre,
representando al Rotary Club, como Gobernador de Distrito. Visitamos a Braulio
Díaz casado con Amanda salas, hermana de Noelia. El también tiene muy buenos
recuerdos de Don Fernando y ella que es tejedora en crin fue muy cariñosa con
nosotros. Braulio nos contó que un tiempo era vecino de mi padre, en las
Termas, y que mi padre pintaba mientras él tocaba el clarinete. Su hija Hilda,
a quien también tuvimos el gusto de conocer, vive en Santiago y ha seguido la
tradición de tejer el crin y hace clases sobre este
arte. La mayoría de las tejedoras que hemos visitado y nombrado en este relato,
han ganado premios por su arte tanto nacionales como
internacionales. Otro carpintero
de Panimávida que nos llevamos al fundo san León fue Carlos Palma, quien
después se quedó en el zona de Nos, cerca de Santiago.
Durante
mi visita a las Termas en febrero del 2008 conversé también con Ernesto Rojas,
dueño del fundo San Francisco, de los alrededores de las Termas, quien fuera
uno de mis amigos de la adolescencia y a quien no veía desde esos años.
Recordamos las veladas en el fundo de su padre, Don Ernesto Rojas Del campo,
que era coleccionista de escopetas y cuyo gusto por ellas me ha durado toda la
vida. Recordamos las lindas cacerías que hacíamos juntos en sus tierras.
Ernesto que falleció recientemente, era casado con Raquel Aris
Rojas, hermana de mi amigo de toda la vida y colega reumatólogo, el Dr. Hernan Arís Rojas.
Creo
que es mejor dejar aquí esta larga “epístola”, para que no me pase algo así
como dijo Cervantes de Don Quijote: de tanto recordar vino a secársele el
cerebro.
Dr.
Jaime Bravo Silva.
21
de Febrero del 2008
Revisión:
20 de febrero del 2009